Generalmente casi todos entendemos el diálogo como un medio para llegar a un entendimiento con otros.
Suponemos que tanto uno mismo como los interlocutores tienen y tenemos la finalidad, el objetivo y la sincera intención de comunicarnos, de compartir puntos de vista, tal vez diferentes, y sobretodo de entendernos.
¿Pero realmente es así? ¿Tenemos sinceramente esta loable intención?
¿Que significa en la práctica, más allá de una «buena» declaración de intenciones, querer realmente el diálogo? Seguir leyendo










